sábado, 1 de diciembre de 2012

Naturaleza Salvaje

La Naturaleza es un conjunto de elementos que se interrelacionan en equilibrio dinámico, lo que llamamos un sistema. Como todos los sistemas, tiende a funcionar de un modo autónomo; cuando se la “deja” (no se la interfiere), se basta ella sola, se autorregula con mecanismos propios. Es más, necesita ser autónoma. Y la autonomía sólo puede perderla si se la roba otro sistema, el sistema tecno-industrial de nuestros días, por ejemplo.
La autonomía de la Naturaleza Salvaje es pues una situación. Es lo normal, lo que el mundo ha sido siempre, hasta que comenzó la era neolítica en algunos puntos del planeta con la producción de alimentos (domesticación de plantas y animales), hace unos 10.500 años. Y aunque a partir de ese momento el mundo no ha hecho más que separarse de esa situación, la tendencia a la autonomía que necesita la Naturaleza sigue ahí, al igual que en los seres humanos, que en nosotros se traduce en lo que llamamos libertad.
Hasta el Neolítico (durante unos 190.000 años) los humanos vivían en pequeños grupos nómadas dispersos por el territorio, cazando y recolectando y con un nivel muy bajo de desarrollo tecnológico. Y a esa vida es a la que estamos adaptados por evolución. Nuestra biología, nuestras tendencias, capacidades, potencialidades y necesidades naturales, surgieron y se desarrollaron en ese entorno; y quedaron genéticamente marcadas en nosotros. Estamos “moldeados” por y para la Naturaleza Salvaje, y cuanto mas se aleje nuestro entorno y modo de vida de ése, cuanto más antinaturales sean las condiciones, más alteraciones y disfuncionalidades del comportamiento y más insatisfacción se darán como señales de que no estamos viviendo como debemos.
Y a esa situación, a que exista esa autonomía de la Naturaleza Salvaje, yo le doy una importancia por encima de todo. Su valor es absoluto, por encima de cualquier circunstancia, hecho, pensamiento, etc.; si nadie se lo diera lo tendría igualmente. Nada justifica que no se dé, y en cuanto a los humanos, que se nos impida la libertad.
Por ello, la conclusión es clara. Es necesario destruir la sociedad moderna. Es el sistema que en estos momentos tiene dominada a la Naturaleza y sojuzgados a los humanos. Y aunque su eliminación no traería probablemente la completa autonomía de la Naturaleza y la libertad de los humanos (surgirían posiblemente sociedades no-industriales, pero si complejas en cierto grado), supondría un gran hecho a favor de éstas. Y más importante aún, eliminaría la amenaza que implica el desarrollo tecnológico de hacer desaparecer para siempre la libertad y la posibilidad de recuperarla.